Nuestra miel de montaña se comercializa bajo la marca Mel Melosa, un nombre que también quiere rendir homenaje a la figura del oso —en nuestro caso, de la osa—, un animal profundamente ligado al paisaje y a la memoria de esta tierra.

Aunque durante décadas su presencia apenas se dejaba ver en nuestra zona, en los últimos años el oso ha vuelto a hacerse notar en Os Ancares lucenses, devolviendo al territorio una parte esencial de su identidad natural.

La relación entre el oso y las colmenas forma parte de la historia de estas montañas. Para protegerlas, tradicionalmente se construían cercados circulares de piedra conocidos como cortines —o albarizas en otras zonas—, diseñados para dificultar su acceso y salvaguardar tanto las abejas como la miel.

En nuestro caso, hemos restaurado un antiguo cortín familiar en el que hoy se encuentran 20 colmenas. Mantenerlo en buen estado requiere una atención constante: revisamos el cierre eléctrico, limpiamos semanalmente todo el perímetro y asumimos el esfuerzo añadido que supone trabajar en un territorio compartido con fauna salvaje.

Esa presencia dejó de ser solo una posibilidad para convertirse en una realidad muy cercana cuando, en 2025, sufrimos el primer ataque al colmenar. Fue un hecho importante para nosotros y una confirmación de que el oso vuelve a formar parte de manera activa del paisaje con el que convivimos cada día.

A pesar de las dificultades que esto implica, consideramos que convivir con el oso forma parte del privilegio de vivir y trabajar en un entorno como este. Más allá del esfuerzo y de las precauciones necesarias, creemos que debemos aprender a respetar su espacio y valorar su presencia como parte de la riqueza natural de Os Ancares.

Oso pardo en un entorno natural similar al de Os Ancares
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